La literatura encuentra sus orĆgenes en la transmisiĆ³n oral, tradiciĆ³n que, mucho antes que la narraciĆ³n escrita, contenĆa la riqueza acumulada de cada cultura sobre su forma de comprender el mundo. Este conocimiento comenzĆ³ a recopilarse a travĆ©s de relatos populares fantĆ”sticos, cargados de intenciones formativas y moralistas, en las denominadas fĆ”bulas y cuentos de hadas, que tuvieron gran aceptaciĆ³n en los salones de las clases altas, sobretodo en la Europa del siglo XVII.

Durante esta Ć©poca y gracias a la imprenta emerge un movimiento decisivo para lo que se conocerĆa posteriormente como āliteratura infantilā: la recopilaciĆ³n escrita de fĆ”bulas y cuentos. Uno de los principales iniciadores de este movimiento fue el napolitano Giambatista Basile, compilador del famoso libro conocido como āEl cuento de los cuentosā o como comĆŗnmente se le conoce: El PentamerĆ³n. Este libro contiene ya los tradicionales y conocidos cuentos de āLa Cenicientaā, āSol, Luna, ThalĆaā (que es el nombre del relato mĆ”s antiguo de āLa Bella Durmienteā), āEl gato con botasā, āPiel de asnoā, etc. que, por su estilo barroco y rebuscado, no eran definitivamente pensados para el entendimiento del niƱo. De hecho, ningĆŗn saber o producciĆ³n estaba destinado para la infancia en aquella Ć©poca, puesto que no habĆa distinciĆ³n alguna entre dicho estatuto y el del adulto.

AƱos mĆ”s tarde e influenciado por las mismas fuentes de Basile, el compilador francĆ©s Charles Perrault, quien era miembro de la corte de Luis XIV y de la Real Academia Francesa, recoge y reĆŗne una importante colecciĆ³n de cuentos tradicionales en su famosa compilaciĆ³n āCuentos de la Madre Ocaā. En ella toman forma y estructura en una nueva versiĆ³n cuentos tradicionales como āLa Bella Durmiente del Bosqueā, āCaperucita Rojaā, āBarba azulā, āEl gato con botasā, āPulgarcitoā, āCenicientaā, entre otros, destinados para la entretenciĆ³n de las Damas de la corte en las salas de lectura. A pesar de que dichos relatos tampoco fueron escritos para niƱos, el mismo Perrault pensaba que sus versiones de cuentos tendrĆan progresivamente un efecto formativo en los lectores, lo que insinĆŗa una intenciĆ³n pedagĆ³gica, quizĆ”s con el afĆ”n de ganar el reconocimiento y simpatĆa de las mujeres de la corte, que finalmente se encargaban de la crianza de los Delfines.

No es sino a partir de la influencia de compiladores como los hermanos Grimm, durante el Romanticismo (que reconocĆa en el niƱo el sentimiento de la emociĆ³n en su estado āmĆ”s puroā), que los cuentos de hadas adquirieron un estatuto temĆ”tico distinto y por primera vez se dirigen al pĆŗblico infantil con la publicaciĆ³n de los āCuentos de niƱos y del hogarā, en 1812. Desde entonces y hasta nuestros dĆas los cuentos de hadas se han ido asociando con la infancia y, entremezclados con finalidades pedagĆ³gicas y moralistas, han suavizado tambiĆ©n lo que se consideran aspectos ācrudosā de los relatos, a tal punto de cambiar significativamente su contenido.

A pesar de lo anterior, autores como Bruno Bettelheim, consideran que los cuentos de hadas debieran leerse por los niƱos en sus formatos mĆ”s antiguos, ya que estos contienen en su estructura los elementos universales vinculados a los problemas que han ocupado la mente del ser humano desde sus orĆgenes, tales como el amor, el odio, la muerte, los celos, la envidia, la rivalidad fraterna, el deseo por la vida eterna, la avaricia, la sexualidad, la independencia de la autoridad parental, el miedo, el deseo de venganza, etc., convirtiĆ©ndose incluso en recursos que brindan, a nivel intrapsĆquico, soluciĆ³n a dichos planteamientos.
